lunes, 11 de febrero de 2008

NO EXISTE EN MÉXICO UN ESFUERZO SERIO PARA LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA


  • Aseguraron en la UNAM académicos de diversas instituciones y funcionarios públicos
  • Las reservas petroleras del país alcanzarán sólo para los próximos 9.3 años y si, como es previsible, aumentara el consumo, se agotarán antes, alertaron
  • Participaron en el Foro Universitario Perspectivas energéticas de México en los próximos diez años

Pese al reconocimiento de Petróleos Mexicanos (PEMEX) de que las reservas petroleras alcanzarán sólo para los próximos 9.3 años, si se mantienen los ritmos de consumo actuales, en el país no se ve ningún esfuerzo serio para la transición energética, coincidieron en señalar en la UNAM académicos de diversas instituciones y funcionarios públicos.

En el Foro Universitario Perspectivas energéticas de México en los próximos diez años, advirtieron, si aumenta el consumo como es previsible las reservas se agotarán antes. Aún en el caso de que se descubran nuevos depósitos en el territorio o en aguas profundas del Golfo de México, es mundialmente aceptado que la producción de este energético tendrá un declive sostenido de hoy en adelante.

Las repercusiones de este hecho, aseveraron, se dejarán sentir no sólo en el ramo de la energía, sino también de manera importante en los ingresos federales y, por lo tanto, en la capacidad del Estado para atender los rezagos sociales y ordenar la economía mexicana.

El petróleo se acaba y la transición mundial hacia un consumo energético distinto del modelo seguido desde el siglo pasado está en puerta. Una buena parte de los países en desarrollo tiene ya planes concretos para enfrentar esta situación irremediable, destacaron.

En Europa, refirieron, se apuesta a la energía solar y a la del viento, tanto es así que se espera que para el año 2020, el 20 por ciento de la energía que se consuma en el viejo continente provenga de fuentes renovables. Estados Unidos también tiene planes, pues con todo lo problemático que pueda resultar para el ámbito alimentario, se hacen esfuerzos serios para implementar el consumo masivo del etanol.

Por ello, consideraron, si se quiere sobrevivir como sociedad organizada, es imperioso estudiar la situación actual y las perspectivas a futuro, con miras a implementar las medidas necesarias que nos aparten de la dependencia del petróleo.

Se deben encontrar y aprender a usar fuentes de energía alternativas, con énfasis principal en aquellas que resultan renovables, pero sobre todo, se debe desarrollar un nuevo modelo de consumo acorde con la disponibilidad de los recursos, señalaron.

Cualquier plan o proyecto que se establezca deberá estar basado en una evaluación de los recursos energéticos con que se cuenta.

Para poder utilizar la energía solar, la geotérmica, la eólica o la proveniente de la biomasa, la nuclear o la de los hidratos de metano, por mencionar algunas no renovables, es necesario que se conozca primero cuánta energía se puede producir con ellas, detallaron.

En ese sentido, acotaron, el Estado mexicano debería emprender una campaña nacional que dé a conocer a detalle la cantidad de radiación solar que se recibe durante el año en las distintas regiones del país; evaluar con rigor la potencialidad de los campos geotérmicos; establecer con precisión el patrón y la potencia de los vientos.

Asimismo, revisar la estructura del oleaje y las mareas en las costas, conocer cuántos y cuáles campos de cultivo pueden ser usados para producir bioenergéticos sin sacrificar la producción alimentaria, y explorar y cuantificar las reservas de uranio y de hidratos de metano.

En fin, una campaña que provea de los elementos necesarios para determinar cuáles serán los energéticos que moverán a la sociedad mexicana durante el siglo XXI, enfatizaron.

No obstante, determinaron, cualquier plan que se elabore deberá ser a largo plazo, a fin de evitar los errores que hoy nos tienen en una encrucijada.

El papel del Estado como promotor y regulador de la producción y consumo de energía será crucial, para lo cual el Plan Nacional de Desarrollo debería revisarse con el objetivo de incluir una política energética clara, ausente hasta hoy día en la nación mexicana.

Esto nos llevará necesariamente a la revisión de la labor que actualmente desempeñan actualmente las dos grandes instituciones públicas relacionadas con la energía: PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad.

Cabría preguntarse si es deseable mantener a las dos aisladas o sería provechosa su fusión para crear un gran organismo nacional de energía. También cuál es la conveniencia de la producción privada de energía, con qué reglas operaría o si debe haber organismos reguladores y fiscalizadores de la producción energética y definir las atribuciones.

Por otro lado, si se busca la autosuficiencia en el ramo, la política energética que se diseñe habrá de considerar como elementos indispensables: un plan para la formación de recursos humanos altamente calificados y la creación de instituciones dedicadas a la investigación y la innovación, con financiamiento adecuado y metas a mediano plazo claramente establecidas, abundaron.

El cambio en las fuentes y las formas de producción de la energía inducirá también el del modelo económico. Es posible que el cambio en el uso de un solo energético –el petróleo– a orígenes múltiples (sol, viento, calor del interior terrestre, etc.), modifique el modelo de economía globalizada hacia otro de economías regionales conectadas entre sí; en este caso, habría que encontrar modos de producción donde la conexión fuese virtuosa.

El tema del financiamiento merece una consideración cuidadosa. Se tiene que encontrar, sugirieron, formas fiscales que contengan instrumentos propiciadores para la transición energética, tales como estímulos a la producción de energías renovables, multas por excesos de consumo, normatividades estrictas para limitar el transporte individual y favorecer el colectivo, y fomento a las soluciones comunitarias, entre otros.

Desde luego, reconocieron, el principal motor financiero de esa transición será el gasto público; pero habrán de establecerse mecanismos regulados por el Estado para el financiamiento privado y fijar sus áreas de competencia, haciendo énfasis en la función primordialmente social de este financiamiento y estableciendo frenos a la típica voracidad de los inversores en México.

La transición en puerta requiere de una legislación que la propicie y la regule adecuadamente, de tal manera que se abran los caminos convenientes y cierren los inconvenientes para suavizar los desniveles por los que habrá de pasar entre la actual forma de operar y la que se diseñe para el futuro.

Sería conveniente una nueva ley energética y reglamentos derivados de ella, alimentados por un amplio y responsable debate entre los diversos actores involucrados en el proceso de transición: gobierno, empresas públicas y privadas, investigadores e innovadores, sociedades de profesionales, comunidades y asociaciones de la sociedad civil.

En el largo plazo los asentamientos humanos deberán cambiar sus dimensiones, formas de operación y estructura para adoptar otras que resulten más eficientes, rentables económica y energéticamente hablando. Los modelos de producción y de consumo de alimentos tendrán que operar sobre bases racionales; no es deseable mantener el aislamiento actual entre los centros de producción y los de consumo.

Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México

No hay comentarios: