miércoles, 13 de febrero de 2008

DESARROLLAN EN LA UNAM MAPA DE RIESGOS SOBRE DESASTRES NATURALES EN ACAPULCO

  • José Juan Zamorano Orozco, del Instituto de Geografía, diseñó la herramienta luego de un estudio geomorfológico de la bahía.
  • Con este plano es posible describir las características del relieve, localizar zonas de mayor peligro y vías para rescatar a los damnificados en caso de contingencias naturales, dijo.
  • Es de suma importancia no olvidar las catástrofes e informar a la sociedad que debe estar conciente de que se habita en un lugar con peligro de cataclismo, resaltó.

Gracias a un mapa de riesgos para prevenir desastres naturales desarrollado por el investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, José Juan Zamorano Orozco, ahora es posible conocer las posibles afectaciones por inundaciones, huracanes y otros peligros geomorfológicos o de cambios en el relieve de la bahía de Acapulco.

En la presentación de esta herramienta en el Seminario de Cultura Mexicana, el especialista explicó que en este plano se pueden localizar las zonas más expuestas a desbordamientos en llanuras y valles; también, los lugares con proceso de ladera y la sedimentación que se suscita en la planicie costera y la playa.

Zamorano Orozco recordó que eventos de esta naturaleza han sido devastadores en esa zona. Tan sólo el huracán Paulina, ocurrido en octubre de 1997, dejó un saldo de 228 víctimas, 200 desaparecidos y 100 mil personas que sufrieron daños parciales o totales en sus posesiones. El ciclón afectó principalmente la ciudad de Acapulco, y en 24 horas logró precipitaciones de 411 milímetros.

El suceso fue estudiado por Juan Zamorano, quien se abocó a realizar un análisis morfométrico para detallar las características esenciales del relieve y brindar una explicación más profunda de lo acontecido.

La investigación redundó en un cúmulo de hallazgos, entre los que destaca el descubrimiento de dos tsunamis ocurridos en el pasado, y un desastre similar al provocado por Paulina, pero en 1961, con el huracán Tara, lo que significa que la comunidad acapulquense ya había olvidado lo ocurrido en ese entonces.

Es de suma importancia, aseguró, no olvidar las catástrofes, porque ello hace menos vulnerable a la sociedad al permitirle estar conciente de que se habita en un lugar con peligro de cataclismo.

Los riesgos geomorfológicos se refieren, acotó, a la interacción entre la sociedad y los procesos modeladores —aquellos que cambian el orden de la Tierra—, y sus efectos dependen de la vulnerabilidad que presente cada lugar y sus habitantes.

Esta última categoría se define como la falta de capacidad, de resistencia y recuperación, de una colectividad ante un desastre y la imposibilidad de adecuarse de manera eficaz a su medio y la principal es el desconocimiento.

Así, con los datos recabados, se logró diseñar un mapa que caracteriza el tipo de relieve de toda la ciudad y se identifican los lugares más expuestos a las principales contingencias, con lo que no sólo se podrá planear mejor la urbanización, sino que la comunidad puede estar conciente de dónde vive y el riesgo que representa, resaltó.

También, ayudará a la pronta recuperación ante un evento de esta índole, pues se pueden localizar las principales vías de comunicación para auxiliar a los damnificados, señaló.

No sólo Acapulco tiene riesgos, sino la mayoría de las ciudades presentan vulnerabilidad, sobre todo porque gran parte de la población construye sus viviendas en barrancas y espacios inadecuados y peligrosos, situación que desconocen las autoridades o no pueden controlar, concluyó.

Créditos: Universidad Nacional Autónoma de México

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