viernes, 4 de enero de 2008

NO ES EFECTIVA LA COMUNICACIÓN DE RIESGOS AMBIENTALES


· Javier Urbina Soria, de la Facultad de Psicología de la UNAM, dijo que cuando la gente percibe un peligro en el entorno por lo regular no hace lo necesario para protegerse

· El 90 por ciento ignora las circunstancias de peligro que pudieran afectar su vida, revela una investigación realizada por el especialista

La población mexicana no le ha dado importancia a la comunicación de riesgos ambientales y, por tanto, sus resultados tampoco han sido efectivos, aseguró Javier Urbina Soria, de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Cuando la gente percibe un peligro en el entorno por lo regular no hace lo necesario para protegerse. Primero realiza un balance para tomar decisiones: modifica la circunstancia o su comportamiento, explicó.

Si lo que tiene que hacer para cuidarse implica transformaciones estructurales en su forma de vida decide no hacerlos, se resiste a variar su cotidianeidad y, con ello, provoca que el peligro se profundice, agregó.

Ello se refleja en una encuesta realizada a 800 personas de la Zona Metropolitana sobre la comunicación de riesgos ambientales. El 90 por ciento ignora las circunstancias de peligro que les pudieran afectar, pese a entender los mensajes y tenerles confianza, informó.

La investigación de Urbina Soria constó de un cuestionario de alrededor de 400 preguntas aplicadas a personas de 18 a 70 años.

Podría haber varias explicaciones y la más básica hablaría de que prácticamente por instinto se tienen que enfrentar los riesgos, pero también hay una respuesta social; todos han sido educados en situaciones de competencia –sea deportiva, económica o formativa– y en todas ellas se tiene que tomar una medida, apuntó.

Encarar los peligros es cotidiano; incluso al momento de cruzar la calle: librar al coche que viene o mejor esperarse y nunca desaparece por completo: puede subir o bajar de grado, añadió.

Los riesgos ambientales tienen una clasificación formal en el Centro Nacional de Prevención de Desastres, y son: geológicos, como erupciones volcánicas o temblores; físico-químicos, explosiones o incendios; hidrometeorológicos, todo lo que tiene que ver con el clima; sanitarios, relacionados con la contaminación y socio-organizativos, como las manifestaciones.

Urbina Soria y su grupo, tras aproximadamente 10 años de estudio en estas cuestiones, han agregado un grupo más: los urbano-arquitectónicos, es decir, los referentes a la invasión de espacios públicos por ambulantes; la altura propia de los edificios y su buen o mal estado; las construcciones en ruinas y el tráfico intenso, porque ante una emergencia es difícil escapar, entre otros factores.

El especialista habló también del mito de la invulnerabilidad personal: se acepta que puede haber una amenaza para los demás pero no para uno mismo; en cuestiones ambientales estas protecciones suelen adjudicarse a situaciones divinas y a agencias gubernamentales, pero generalmente no se origina la responsabilidad de manera personal, aseveró.

Cuando los riesgos ponen en peligro directo a los infantes, ahí sí hay una manifestación, sobre todo de las mujeres para que no les ocurra nada, hay una protección especial, detalló.

En comunicación de riesgos, expresó, se habla de tres esferas: la cognoscitiva, donde la gente sabe que hay un problema; la afectiva, donde percibe que está involucrada en la situación y que le puede afectar, y la conductual, donde debería reducir el riesgo o ponerse a salvo. “Las dos primeras son relativamente fáciles de cubrir; pero es difícil cambiar los hábitos de vida, que es donde el proceso tiene un hueco enorme”.

El asunto, concluyó, es que de unas décadas a la fecha, se dice que se vive en la sociedad del riesgo, que los seres humanos están expuestos a una serie de circunstancias que ponen en peligro su salud; lo que no significa que las generaciones pasadas no estuvieran expuestas.

Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México

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