domingo, 6 de julio de 2008

TUVO LA NUEVA ESPAÑA, UNA INTENSA ACTIVIDAD CIENTÍFICA

· La especialista del IIS de la UNAM, María Luisa Rodríguez-Sala, señaló que se cultivó la cirugía, tema de entonces que ha sido poco estudiado no sólo en México, sino en el mundo

· Se ha detectado que había alrededor de mil 200 cirujanos, de los que 500 no estaban adscritos a alguna institución, es decir, explicó, ejercían por su cuenta

· En tanto, los médicos tenían mayor estatus socioeconómico y “no se ensuciaban las manos”, dijo

En la etapa virreinal, la Nueva España tuvo una intensa actividad científica. Entre otras disciplinas, se cultivó la cirugía, tema de entonces que ha sido poco estudiado no sólo en México, sino en el mundo, indicó la especialista del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, María Luisa Rodríguez-Sala.

Si bien el interés se ha puesto en la historia de la Medicina, es significativo conocer quiénes desempeñaron la actividad de cirujano, qué hicieron y dónde se ocuparon, pues jugaron un papel relevante; “como los residentes actuales, vivían en el hospital”, y se ha encontrado “que eran muchos más de los que se pensaba”, añadió.

Se sabe que se ubicaron dentro de la corriente europea de desarrollo de la ciencia. Botánica y Farmacia eran algunos de los conocimientos que poseían. La gran mayoría aprobó el examen del Real Tribunal del Protomedicato, encargado de aplicar los exámenes correspondientes; ejercían con una licencia, donde constaba que sabían desempeñar este arte, expuso.

Los primeros llegaron desde el descubrimiento de América y luego, con Hernán Cortés. Se han detectado que en la Nueva España había “alrededor de mil 200 cirujanos”, señaló Rodríguez-Sala, de los que 500 no estaban adscritos a ninguna institución y se consideraban privados, es decir, ejercían por su cuenta.

Un caso excepcional, expresó, es el de Juan de Correa, quien operó en las cárceles de la Inquisición. Su importancia radica en que escribió la primera historia clínica de un enfermo y fue el segundo que la Real y Pontificia Universidad de México contrató como disector de anatomías, fue el profesor encargado de hacer las necropsias para la enseñanza de los estudiantes de Medicina.

Por mucho tiempo, la medicina y la cirugía se mantuvieron como disciplinas separadas en casi todas las naciones, precisó Rodríguez-Sala; convergían y tenían mucho en común, pero eran dos grupos ocupacionales diferentes.

Los galenos tenían mayor estatus socioeconómico y se decía que “no se ensuciaban las manos”. En tanto, dijo, los cirujanos eran considerados “de segunda”, que atendían a los enfermos “populares”, de menos ingresos. Curaban a todos, siempre que sus enfermedades fueran de las entonces llamadas “externas”, como las erisipelas, heridas, fracturas u otras por las que se debiese abrir el cuerpo humano como en los casos de tumores y piedras, por ejemplo.

Unir esas actividades –destacó la investigadora titular C, de tiempo completo definitivo; doctora en Historia de México por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II–, fue posible porque los cirujanos adquirieron conocimientos y convirtieron su actividad en una profesión.

Gracias a las reformas borbónicas, realizadas bajo el mandato de Carlos III, a mitad del siglo XVIII se establecieron en España las primeras escuelas de cirugía. Antes de ello, refirió, quienes se dedicaban a ella no estudiaban en ningún lado, aprendían con un cirujano experimentado, aunque sí debía aprobarse un examen del Real Tribunal del Protomedicato y se les daba licencia para ejercer.

Desde ese momento, agregó, contaban con una carrera, en la que se incorporaban los conocimientos más modernos, provenientes de Francia e Inglaterra.

En la Nueva España, imitando al Real Colegio de Cirugía de Cádiz –el primero de su tipo en España–, se abrió de 1768 a 1770 la primera Real Escuela de Cirugía, que se fundó en la Ciudad de México, en las instalaciones de lo que fue el Hospital Real de los Naturales, recordó.

Cuando al fin se creó la escuela mexicana, entonces la única en América, el cirujano adquirió el mismo nivel que el médico, aunque se mantuvieron separados todavía por años, sostuvo la especialista, cuyas líneas de investigación son el perfil de la ciencia y del científico en México: pasado y presente.

Al terminar la Independencia, se propusieron nuevas instituciones, rememoró. Se cerró la Universidad y se estableció un nuevo sistema de instrucción pública con diferentes establecimientos de educación superior. Entre 1834 a 1838, se consolidó la nueva Facultad de Medicina y Cirugía. Desde entonces, al egresado se le conoce como médico cirujano.

En el primer tomo de la investigación de Rodríguez-Sala, Los cirujanos del mar en la Nueva España (1572-1820) ¿miembros de un estamento profesional o una comunidad científica?, se habla de quienes, por una u otra razón, vinieron en los barcos o trabajaron en los puertos donde estaban establecidos los hospitales que atendían a los marinos.

Luego de revisar fuentes primarias –fundamentalmente españolas, las más antiguas y amplias: los archivos General de Indias y el de la Marina Española, y de México, el Archivo General de la Nación–, la mayoría, casi la totalidad, embarcó y participó en las múltiples expediciones que se hicieron en esa época, aseguró.

De hecho, a partir de la mitad del siglo XVII al XVIII, se impuso como una de las leyes de la marina mercante y militar española, que en cada embarcación fuera a bordo un facultativo. El lugar más importante donde se encontraron fue el Departamento de Marina de San Blas en Nayarit, además de la relevancia de los puertos de Veracruz y Acapulco.

Créditos de la nota: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.unam.mx)

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JARDÍN BOTÁNICO DE LA BUAP CONSERVA 360 ESPECIES DE FLORA ENDÉMICA DEL ESTADO DE PUEBLA, MÉXICO

Con la conservación y preservación de 360 especies endémicas y más de dos mil ejemplares de flora, sobre todo del Estado de Puebla, así como cursos y talleres de capacitación, el Herbario y Jardín Botánico “Ignacio Rodríguez Alconedo” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, contribuye a la concientización y conservación del medio ambiente, afirmó el biólogo Sergio Barreiro Zamorano, responsable de Educación Ambiental Sustentable.

“Tenemos una colección muy amplia de pinos y encinos, muchos de los cuales están en peligro de extinción. Éstos han logrado adaptarse a las condiciones ambientales que tenemos en la ciudad de Puebla”, señaló el Maestro en Ciencias Ambientales.

Sobre la jornada de reforestación nacional que con el lema “Siembra un árbol y sé parte de la historia” se llevará a cabo mañana sábado, el Especialista afirmó que es trascendente porque bosques y áreas verdes urbanas se están perdiendo y la sociedad contribuirá también rescatando nuevas especies.

“Sumado a la reforestación se tiene que crear conciencia sobre el cuidado que se debe dar a todas las especies que se planten, porque lamentablemente la gran mayoría se pierden por falta de atención a los árboles, sobre todo cuando son pequeños”, enfatizó.

Barreiro Zamorano explicó que al Herbario y Jardín Botánico llegan diariamente grupos de escolares, entre los que se promueve una conciencia ambiental; se les muestran las distintas especies de flora con que se cuenta y ellos se sorprenden por la gran cantidad de variedades, así como de la fauna que ha llegado, sobre todo aves que ahora habitan en este lugar.

En este espacio, que se encuentra en Ciudad Universitaria, también se dan talleres y cursos de capacitación a universitarios, trabajadores de diversas dependencias que tienen que ver con el medio ambiente y a trabajadores de empresas que tienen que reducir parte del impacto ambiental que generan rescatando, creando y manteniendo áreas verdes.

El Biólogo aclaró que el cuidado de una zona verde no está sólo en regar y podar, sino saber la frecuencia en la que se deben dar los riegos, la forma de aprovechar mejor el agua, y cómo y cuando se debe llevar a cabo la poda para no afectar a los árboles.

Créditos de la nota: DCI Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (www.buap.mx)

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sábado, 5 de julio de 2008

NECESARIO, DESARROLLAR ORGANISMOS GENÉTICAMENTE MODIFICADOS DE MANERA SEGURA


· La especialista Sol Ortiz García, señaló en la UNAM que para ello, se requieren herramientas legales y metodológicas

· En al auditorio del Jardín Botánico del Instituto de Biología dijo que, entre los retos de la regulación de esos organismos, se halla la incertidumbre de las condiciones que rodean a estos procesos

· Entre las características de estos cultivos se encuentra la resistencia a plagas, la tolerancia a herbicidas, la calidad nutritiva y la larga vida de anaquel, apuntó

Ante el incremento de organismos genéticamente modificados (OGM) disponibles, es necesario desarrollar esta tecnología de manera segura: identificar peligros, prevenir y evitar accidentes y mitigarlos en caso de que hubiera alguna consecuencia, aseguró en la UNAM, la especialista Sol Ortiz García.

La integrante de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) –integrada por diversas secretarías de Estado–, expuso en el auditorio del Jardín Botánico del Instituto de Biología de esta casa de estudios que, para ello, se requieren herramientas legales y metodológicas.

Un OGM posee una combinación nueva de material genético que ha sido obtenida mediante técnicas biotecnológicas modernas y procesos in vitro en los ácidos nucleicos que no incluyen cruza y selección tradicionales, añadió.

El principal reto en la regulación en este ámbito, señaló, es la incertidumbre: hay aspectos que se saben; un universo de otros que no se conocen, pero que se tienen identificados, y otros más, de los que se ignora por completo. Por ello, el acercamiento a esa tecnología debe ser precautorio.

En el Seminario Los OGM y los retos para su regulación, dijo que estas cuestiones representan un desafío complicado para su empleo. Algunas de ellas ya están planteadas en las regulaciones y se refieren a cómo decidir si se autoriza el consumo de un OGM; los permisos de liberación al ambiente; el monitoreo; la responsabilidad y la compensación por daños; la regulación del movimiento transfronterizo de productos; el etiquetado; la determinación de los centros de origen y de la diversidad genética, entre otros.

Antes, la experta recordó que esta tecnología no es nueva, pues la aplicación en medicina tiene más de 25 años, cuando se aprobó el primer uso de un transgénico para la salud humana: una bacteria recombinante con un gen de la insulina, que permitió obtener este producto con mayor facilidad.

Entre las características que se introducen en los cultivos genéticamente modificados, se hallan la resistencia a patógenos y plagas, la tolerancia a herbicidas, la calidad nutritiva y la larga vida de anaquel, agregó.

La proporción de OGM que se siembran comercialmente se ha incrementado a lo largo de los años y, en los últimos, en especial, en naciones en desarrollo. La nación que más transgénicos cultiva es Estados Unidos, con el 54.6 por ciento del total mundial, seguido de Argentina, Brasil, Canadá, India y China. México siembra menos y la tecnología es, hasta cierto punto, experimental, informó.

Los principales cultivos a escala mundial son la soya, el algodón, la canola y el maíz. En el primer caso, más de 50 por ciento es ya genéticamente modificado. De ahí, la importancia de la bioseguridad, explicó Ortiz.

La idea de regular los OGM inició en la conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, donde se plantearon programas para proteger el entorno y mantener un crecimiento económico sustentable.

De esta forma, se generó la Agenda 21, donde se reconoce que la biotecnología puede hacer una contribución importante a la resolución de problemas, pero debido a que sus aplicaciones no tienen precedente, es necesario aplicarla con cuidado y generar protocolos de evaluación y análisis de riesgo, aseveró.

En principio, manifestó, se modifica un gen que produce una proteína que se expresará y que no tendría mayores consecuencias; pero hay interacciones entre genes y si se modifica la expresión de uno, puede haber consecuencias en las redes genéticas que aún no se conoce cabalmente cómo funcionan.

Entre la gente, la tecnología del ADN se percibe como “desconocida”; muchos no están familiarizados con el significado de “mover genes”, y observan esta práctica como más riesgosa que usar pesticidas, abundó.

Al hablar del maíz, expresó que México no es autosuficiente en la obtención de ese grano. Se producen más de 20 millones de toneladas al año, pero se importan alrededor de seis o siete millones más de maíz amarillo de EU que, a su vez, ha incrementado su producción de plantas genéticamente modificadas.

De ese modo, del total del maíz producido en 2007 en el vecino del norte, el 73 por ciento fue transgénico. En el caso del algodón la cifra fue del 87 por ciento y en la soya, de 91 por ciento. En tanto, en nuestra nación se cultiva maíz en todo el territorio y eso dificulta el control de las posibles liberaciones intencionales o ilícitas.

Cada día en el territorio se consumen más de siete mil productos que contienen glucosa, almidón o alta fructuosa, obtenidos de esa gramínea. Además, ese cultivo tiene gran valor cultural y religioso en la sociedad. Aquí, hay de 40 a 60 razas de esa planta y somos el centro de diversificación y de origen.

La frecuencia de transgenes en maíces criollos, con la toma de muestras en zonas de Oaxaca, es baja y se puede deber a que hace años, en las comunidades, hubo una alerta y se tomaron acciones como no adquirir semillas de fuera y no sembrar las de origen desconocido, concluyó Ortiz.

Créditos: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.dgcs.unam.mx)

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AYUDAN GUSANOS MARINOS A DETECTAR LA CONTAMINACIÓN DE LOS MARES


  • Los poliquetos, gusanos anillados que viven ocultos en los fondos arenosos y dentro de piedras o corales, indican la perturbación de los océanos
  • Hace más de 25 años, Vivianne Solís-Weiss fundó, en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, la Colección Nacional de Poliquetos, la más grande del país

Hace más de 25 años, Vivianne Solís-Weiss fundó, en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, la Colección Nacional de Poliquetos (CNP), la más grande del país y la más representativa del mundo en cuanto a especies mexicanas.

Los poliquetos (del griego poly, muchos, y kaite, pelo largo) integran la clase más grande del filo Annelida (gusanos anillados), principalmente marinos; viven ocultos en los fondos arenosos o lodos, así como dentro de piedras o corales; pueden ser desde microscópicos hasta de más de tres metros de longitud, y actúan como indicadores de contaminación marina. Hasta la fecha, hay unas 12 mil especies descritas.

Del acervo, se han entregado colecciones a instituciones extranjeras y nacionales, y también se han hecho intercambios con instituciones de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Australia. Se tiene, asimismo, un programa de donación de especímenes con Universum, para que los niños que visiten este museo conozcan esos organismos marinos, los manipulen y se interesen en conocerlos a fondo, dijo Solís-Weiss.

Alimento básico

Los poliquetos constituyen, a menudo, el alimento básico de peces de importancia comercial. Se ha registrado la presencia abundante del holoplancton en el estómago de salmones.

“Se encuentran en todas las áreas geográficas del mundo y en todas las profundidades marinas –explicó Solís-Weiss–. Muestran una enorme diversidad de estrategias reproductivas y ciclos de vida que les da una inmejorable capacidad de adaptación. La mayoría de las especies de poliquetos permanece oculta en los sedimentos del fondo marino, tanto duros como blandos”.

Debido a su abundancia, y a sus patrones de vida y formas de alimentación, pueden reciclar gran parte de la materia orgánica de la zona litoral, modificar el fondo marino, la concentración de gases disueltos, la mezcla del agua intersticial, la consistencia de los sedimentos y la dinámica de los contaminantes.

Los organismos con poca movilidad que viven en la arena o lodo son excelentes indicadores de contaminación orgánica, en especial los poliquetos, que representan por lo menos 40 por ciento del total de aquéllos. Llegan a representar hasta el 90 por ciento en zonas sumamente perturbadas.

Como no pueden escapar de los contaminantes, reaccionan ante ellos directamente, es decir, mueren o sobreviven. En este último caso, llegan a proliferar en esos medios, según las especies y la capacidad de adaptación o de resistencia.

Los poliquetos que mejor reflejan los diferentes grados de contaminación orgánica son los capitélidos y algunos espiónidos. En el país, se han registrado 31 especies de los primeros en la costa del Pacífico y 33 en las costas del golfo de México y el Caribe. No tienen antenas u otros apéndices, parecen lombrices de tierra. Generalmente, viven enterrados en la arena o lodo, de los que extraen las partículas orgánicas con que se alimentan. Así, contribuyen al reciclaje de la materia orgánica de los sedimentos y a la eliminación de sustancias tóxicas de los fondos marinos.

En ocasiones, la contaminación ni siquiera es detectable por medios químicos convencionales. En esos casos, los poliquetos son útiles, pues al recibir constantemente cantidades pequeñas de contaminantes como cianuro y de metales pesados como zinc, aluminio vanadio y plomo, los asimilan en forma acumulativa y pueden morir. Ahora bien, si estos elementos no los matan, las especies resistentes pueden ocupar el lugar dejado por las especies eliminadas, y entonces proliferan más en esos sitios.

Particularmente, la especie Capitella capitata es considerada la "reina de los indicadores marinos de contaminación”. Su dominio y abundancia en una determinada zona, indican altos grados de perturbación por exceso de materia orgánica.

Visitas programadas

La Colección Nacional de Poliquetos puede ser visitada por alumnos de instituciones educativas, sobre todo de nivel secundaria, y público en general, previa cita. También se imparten talleres que abordan desde las fases prácticas de separación hasta la de identificación de estos organismos, así como aspectos teóricos de su ecología, biodiversidad y biogeografía.

La CNP cuenta con redes de estaciones que cubren las plataformas petroleras del Golfo de México, así como Cancún, Cozumel y Banco Chinchorro, en el mar Caribe, y La Paz, Islas Revillagigedo, Mazatlán y Zihuatanejo, en el océano Pacífico, entre otras.

Este acervo cuenta con nueve mil 77 registros de ejemplares; 16 mil 61 individuos; 47 familias; 268 géneros y 660 especies. Además, en 2006, se actualizó la base de datos con el apoyo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.

Estudio-piloto

La Laguna de Términos –la más grande de México–, se localiza entre Tabasco y Campeche, frente a los pozos petroleros de la sonda de Campeche, donde están los bancos de camarón más grandes del país.

Éstos tienen larvas en el mar, que migran hacia esa laguna hasta madurar y posteriormente vuelven al mar para reproducirse. En el ciclo de vida se alimentan, entre otros organismos, de poliquetos. Si la Laguna de Términos llegara a contaminarse, habría un desastre ecológico.

Con un equipo de investigadores de Francia, se empezará pronto un estudio-piloto de esta laguna, en el que participarán también la Universidad Autónoma Metropolitana y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional. Los franceses, incluso, llevarán a ella un barco de investigación, adelantó Solís-Weiss.

Créditos: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.dgcs.unam.mx)

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miércoles, 2 de julio de 2008

PODRÍA HABER COMENZADO UN PEQUEÑO ENFRIAMIENTO TERRESTRE


· El investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, Víctor Manuel Velasco, dijo que parece que empezó a partir de 2005

· En el planeta, en los últimos 12 mil años, se han registrado periodos cíclicos cálidos y fríos, por lo que el cambio climático es recurrente, aclaró

· Dictó la conferencia Un escenario inesperado de cambio climático: mini-era del hielo, en el Centro de Ciencias de la Atmósfera

Por los datos satelitales de que se dispone, parecería que a partir de 2005 comenzó un pequeño enfriamiento global terrestre, aseguró el investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, Víctor Manuel Velasco Herrera.

Al dictar la conferencia Un escenario inesperado de cambio climático: mini-era del hielo, efectuada en el salón de seminarios del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA), expuso que en el planeta, en los últimos 12 mil años, se han registrado periodos cíclicos cálidos y fríos.

Es decir, aclaró el científico, el cambio climático es recurrente. Prueba de ello, fue la época de “calentamiento medieval”, donde Groenlandia se quedó sin hielo, que duró aproximadamente del año 950 al 1100 de la era común.

Hoy se registra un derretimiento de los polos, pero también tiene un aspecto natural que se ha presentado durante miles de años. No obstante, hoy alarma porque nunca se había observado, opinó.

Para entender la transformación del clima, recordó, sólo se tienen datos confiables de los últimos 20 años, que no pueden explicar los efectos de los anteriores 120 mil años.

En la historia se han registrado periodos como el Interglacial Eemiense, el penúltimo ciclo cálido que la Tierra ha experimentado, en el Cuaternario. Había entre dos y cuatro grados por encima de la temperatura actual. En tanto, el nivel del mar tenía entre cuatro y seis metros arriba del presente. “Si en estos momentos está subiendo, no debería haber preocupación, pero sin olvidar este dato”.

En el Holoceno, que es la época reciente, con mayor calor, hubo una baja abrupta de las temperaturas, conocida como el Younger, aunque no se sabe todavía a qué se debió. “Parece que uno de los factores fue el Sol”, refirió el investigador del Departamento de Ciencias Espaciales del IGf.

Hasta ahora, explicó, la actividad solar no se ha reconocido como una posible causa de enfriamiento. En esa época, el dióxido de carbono (CO2) estaba en aumento; en contraste, el metano, otro gas de efecto invernadero, disminuyó. Esa información debe entenderse para comprender qué pasa en la actualidad.

Al parecer, en estos tiempos el metano llegó a su máximo y posiblemente esté en descenso; hay que ver si se mantiene o disminuye. Por ello, se requieren “análisis más confiables”, abundó.

Asimismo, detalló el bachelor y master of Science por la Universidad Estatal de Jarkov, Ucrania, que el desprendimiento de los glaciares no llevará a un aumento en el nivel del mar.

De hecho, afirmó, en la última década, el nivel marítimo –que es complicado medir–, donde intervienen movimientos tectónicos y la sustracción de gas y petróleo del subsuelo –cuyos vacíos dejados son llenados por el agua–, ha variado cuatro centímetros; si continuara, en un siglo alcanzaría 40 centímetros.

A diferencia de las incertidumbres en torno al periodo cálido medieval, en la pequeña era del hielo –alrededor de los años 1500 a 1800–, se sabe que el río Támesis se congeló; en pleno verano, en Europa cayó nieve.

Cuando hay baja de temperaturas, como entonces, por alguna causa la actividad volcánica aumenta, señaló Víctor Manuel Velasco. De igual modo, cuando se incrementa, lo hace también la actividad del Sol, y cuando disminuye, los gradientes globales disminuyen.

Así ocurrió en 1980, con un alza por el incremento de CO2 y con el máximo de la actividad solar en un periodo de más de 100 años. De hecho, dijo, muchos indicadores muestran un lapso de 120 años.

En el máximo medieval, la contribución de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, era igual a cero; podría ser que haya tenido relación con el aumento de radiación del astro rey.

En la actualidad, sostuvo, hay eventos que nada tienen que ver con el calentamiento global, donde intervienen factores externos como el Sol, las erupciones volcánicas y la acción antropogénica. Por ello, es necesario distinguir qué tiene relación y dejar de culpar de todo a ese fenómeno, finalizó.

Créditos: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.dgcs.unam.mx)

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