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miércoles, 9 de julio de 2008

BRINDAN MATERIALES ARQUEOLÓGICOS IGNORADOS, NUEVA INFORMACIÓN DEL PASADO

· El integrante del IIA de la UNAM, Luis Alberto Barba Pingarrón, dijo que los pisos y los residuos químicos, revelan qué comían, cómo preparaban alimentos y qué uso le daban los antepasados a los espacios que habitaban

· Los suelos tienen poros, y en ellos, está la evidencia de las actividades que se desarrollaron en épocas pretéritas, porque ahí se guardan residuos químicos, explicó

· Participó en los Encuentros de Ciencias, Artes y Humanidades, organizados en el Instituto de Investigaciones en Materiales

Materiales arqueológicos que habían sido ignorados por mucho tiempo como pisos y residuos químicos, ahora brindan valiosa información sobre qué comían, cómo preparaban alimentos y qué uso le daban los antepasados a los espacios que habitaban, afirmó el integrante del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, Luis Alberto Barba Pingarrón.

Al participar en los Encuentros de Ciencias, Artes y Humanidades, organizados en el Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM), expuso que ello es posible gracias a técnicas analíticas desarrolladas recientemente.

Existen piezas antiguas de metal, piedra y cerámica tan bellas que, durante mucho tiempo, han llamado la atención y han sido analizadas para determinar la composición y significado, recordó.

No obstante, Barba explicó que, además, hay otras más sencillas, que también son valiosas. Cuando se excava en casas o palacios, se remueve el polvo y aparecen superficies a veces estucadas y otras de pura tierra, donde se llevaron a cabo diversas actividades.

Barba Pingarrón se refirió a la ciudad de Teotihuacan, de 22 kilómetros cuadrados y dos mil 200 conjuntos departamentales. En uno de ellos, el barrio denominado Oztoyahualco –“en el círculo de las cuevas”–, tres familias compartieron 500 metros cuadrados en una especie de “condominio horizontal” con tres patios. Cada una interactuaba con las demás, pero tenía su propio espacio y privacidad.

Lo anterior se conoce después de recuperar fragmentos de pisos y de muros. En cada metro, se hace una perforación con una broca y se obtiene polvo que se lleva al laboratorio para hacer pruebas, indicó.

Otro caso es la Casa de las Águilas, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde se conservan pisos en buen estado, porque todo fue enterrado con mucho cuidado en lo que se llama el “ritual de abandono”. Se encontraron, restos de sangre, proteínas, fosfatos, ácidos grasos y copal en diferentes concentraciones y ubicaciones, acotó.

En la conferencia La entrada en escena de los materiales arqueológicos ignorados, el integrante del Laboratorio de Prospección Arqueológica del IIA, sostuvo que se dieron cuenta de que los suelos contienen mucha información que había sido omitida. Poseen poros, y ahí está la evidencia de las labores que se efectuaron en épocas pretéritas, porque guardan residuos químicos.

No obstante, aclaró en el auditorio del IIM, presentan desventajas. Costó trabajo demostrar que, en efecto, eran residuos pasados; a pesar de que son productos humanos, no se depositan intencionalmente y no se reutilizan como otros materiales.

El científico señaló que la aproximación etnoarqueológica permite apreciar a comunidades que viven en condiciones tradicionales, que se asemejan a las que pudieron haber tenido sus antepasados, para tratar de inferir, a partir de lo observado, lo que se hizo antes.

En el caso particular de los pisos –relató–, los especialistas van a comunidades donde se fotografía, se platica con los habitantes y se toman muestras para analizar los residuos químicos acumulados. Se pretende entender cómo viven y cuál es el reflejo de sus actividades en las superficies que ocupan.

Por ejemplo, en una vivienda de San Vicente Xiloxochitla, Tlaxcala, hay una cocina, con fogón, comal, metate y un petate para hincarse, y otra para comer, en el mismo espacio techado. “Esto es relevante, porque se observa que los residuos de las proteínas se ubican más en el área de consumo”, detalló.

Se buscan los patrones de enriquecimiento químico de los pisos. Por ejemplo, los ácidos grasos se asocian a los desechos de los alimentos en la cocina y donde la gente se baña, caen residuos de piel, apuntó.

De ese modo, una vez que se estudian varias casas se determinan los patrones de enriquecimiento: el lugar de preparación de los alimentos normalmente tiene los restos de las cenizas de los fogones que son la fuente de calor, pero no se acumulan desechos químicos, mientras que las áreas de descanso no muestran nada, refirió.

En contraste, dijo, en la zona de consumo de alimentos se derrama gran cantidad de sustancias. Por ejemplo, las áreas de tránsito intenso tienen valores bajos y las de confinamiento de animales se enriquecen con gran cantidad de fosfato.

Poco a poco, se reconoció cierta consistencia. Luego, se dieron cuenta que era necesario que los pisos estudiados fueran lo más homogéneos posible y no formados de pedazos o de otros materiales, añadió.

Esto es óptimo cuando hay suelos estucados, una de las formas en que la tecnología antigua produjo superficies horizontales, planas y pulidas, como las de muchos sitios mayas, aztecas o teotihuacanos, donde se utilizó cal para dar acabado a las superficies, sobre todo, en espacios interiores, finalizó.


Créditos de la nota: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.unam.mx)

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domingo, 6 de julio de 2008

TUVO LA NUEVA ESPAÑA, UNA INTENSA ACTIVIDAD CIENTÍFICA

· La especialista del IIS de la UNAM, María Luisa Rodríguez-Sala, señaló que se cultivó la cirugía, tema de entonces que ha sido poco estudiado no sólo en México, sino en el mundo

· Se ha detectado que había alrededor de mil 200 cirujanos, de los que 500 no estaban adscritos a alguna institución, es decir, explicó, ejercían por su cuenta

· En tanto, los médicos tenían mayor estatus socioeconómico y “no se ensuciaban las manos”, dijo

En la etapa virreinal, la Nueva España tuvo una intensa actividad científica. Entre otras disciplinas, se cultivó la cirugía, tema de entonces que ha sido poco estudiado no sólo en México, sino en el mundo, indicó la especialista del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, María Luisa Rodríguez-Sala.

Si bien el interés se ha puesto en la historia de la Medicina, es significativo conocer quiénes desempeñaron la actividad de cirujano, qué hicieron y dónde se ocuparon, pues jugaron un papel relevante; “como los residentes actuales, vivían en el hospital”, y se ha encontrado “que eran muchos más de los que se pensaba”, añadió.

Se sabe que se ubicaron dentro de la corriente europea de desarrollo de la ciencia. Botánica y Farmacia eran algunos de los conocimientos que poseían. La gran mayoría aprobó el examen del Real Tribunal del Protomedicato, encargado de aplicar los exámenes correspondientes; ejercían con una licencia, donde constaba que sabían desempeñar este arte, expuso.

Los primeros llegaron desde el descubrimiento de América y luego, con Hernán Cortés. Se han detectado que en la Nueva España había “alrededor de mil 200 cirujanos”, señaló Rodríguez-Sala, de los que 500 no estaban adscritos a ninguna institución y se consideraban privados, es decir, ejercían por su cuenta.

Un caso excepcional, expresó, es el de Juan de Correa, quien operó en las cárceles de la Inquisición. Su importancia radica en que escribió la primera historia clínica de un enfermo y fue el segundo que la Real y Pontificia Universidad de México contrató como disector de anatomías, fue el profesor encargado de hacer las necropsias para la enseñanza de los estudiantes de Medicina.

Por mucho tiempo, la medicina y la cirugía se mantuvieron como disciplinas separadas en casi todas las naciones, precisó Rodríguez-Sala; convergían y tenían mucho en común, pero eran dos grupos ocupacionales diferentes.

Los galenos tenían mayor estatus socioeconómico y se decía que “no se ensuciaban las manos”. En tanto, dijo, los cirujanos eran considerados “de segunda”, que atendían a los enfermos “populares”, de menos ingresos. Curaban a todos, siempre que sus enfermedades fueran de las entonces llamadas “externas”, como las erisipelas, heridas, fracturas u otras por las que se debiese abrir el cuerpo humano como en los casos de tumores y piedras, por ejemplo.

Unir esas actividades –destacó la investigadora titular C, de tiempo completo definitivo; doctora en Historia de México por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; integrante del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II–, fue posible porque los cirujanos adquirieron conocimientos y convirtieron su actividad en una profesión.

Gracias a las reformas borbónicas, realizadas bajo el mandato de Carlos III, a mitad del siglo XVIII se establecieron en España las primeras escuelas de cirugía. Antes de ello, refirió, quienes se dedicaban a ella no estudiaban en ningún lado, aprendían con un cirujano experimentado, aunque sí debía aprobarse un examen del Real Tribunal del Protomedicato y se les daba licencia para ejercer.

Desde ese momento, agregó, contaban con una carrera, en la que se incorporaban los conocimientos más modernos, provenientes de Francia e Inglaterra.

En la Nueva España, imitando al Real Colegio de Cirugía de Cádiz –el primero de su tipo en España–, se abrió de 1768 a 1770 la primera Real Escuela de Cirugía, que se fundó en la Ciudad de México, en las instalaciones de lo que fue el Hospital Real de los Naturales, recordó.

Cuando al fin se creó la escuela mexicana, entonces la única en América, el cirujano adquirió el mismo nivel que el médico, aunque se mantuvieron separados todavía por años, sostuvo la especialista, cuyas líneas de investigación son el perfil de la ciencia y del científico en México: pasado y presente.

Al terminar la Independencia, se propusieron nuevas instituciones, rememoró. Se cerró la Universidad y se estableció un nuevo sistema de instrucción pública con diferentes establecimientos de educación superior. Entre 1834 a 1838, se consolidó la nueva Facultad de Medicina y Cirugía. Desde entonces, al egresado se le conoce como médico cirujano.

En el primer tomo de la investigación de Rodríguez-Sala, Los cirujanos del mar en la Nueva España (1572-1820) ¿miembros de un estamento profesional o una comunidad científica?, se habla de quienes, por una u otra razón, vinieron en los barcos o trabajaron en los puertos donde estaban establecidos los hospitales que atendían a los marinos.

Luego de revisar fuentes primarias –fundamentalmente españolas, las más antiguas y amplias: los archivos General de Indias y el de la Marina Española, y de México, el Archivo General de la Nación–, la mayoría, casi la totalidad, embarcó y participó en las múltiples expediciones que se hicieron en esa época, aseguró.

De hecho, a partir de la mitad del siglo XVII al XVIII, se impuso como una de las leyes de la marina mercante y militar española, que en cada embarcación fuera a bordo un facultativo. El lugar más importante donde se encontraron fue el Departamento de Marina de San Blas en Nayarit, además de la relevancia de los puertos de Veracruz y Acapulco.

Créditos de la nota: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.unam.mx)

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