martes, 2 de septiembre de 2008

AUMENTA EL CÁNCER INFANTIL EN MÉXICO, POR FALTA DE MEDICINA PREVENTIVA


· Es la segunda causa de mortandad en niños, sólo superada por los accidentes, dijo el miembro del Comité Académico de Oncología de la Unidad de Posgrado de la UNAM, Armando Martínez Ávalos

· El 80 por ciento de los pequeños supera la enfermedad, pero 40 por ciento tendrá que afrontar secuelas como infertilidad, alopecia y reincidencia de otro tipo de carcinoma

· La Facultad de Psicología ofrece terapias que ayudan a reintegrar a la familia con la sociedad, una vez superado el padecimiento, indicó Andrómeda Valencia Ortiz

El cáncer infantil en México es la segunda causa de mortandad en niños, sólo después de los accidentes, pues no existen programas de salud que incluyan “una cultura de la medicina preventiva”, aseguró el miembro del Comité Académico de Oncología de la Unidad de Posgrado de la UNAM, Armando Martínez Ávalos.

La tendencia es un incremento excesivo de pacientes con distintos carcinomas. En el caso del retinoblastoma (tumor en el ojo), la falta de alimentación y cuidados de la salud, son las principales razones que evitan una detección temprana y, por ese motivo, es considerada una enfermedad de la pobreza.

El tratamiento de pequeños con este tipo de afecciones implica varios inconvenientes de su curación, como el costo de medicamentos, las infecciones y la ausencia de centros de salud especializados, entre otros.

Según el académico invitado de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FESZ), Carlos Torres Silva, el Registro Nacional de Tumores reporta, anualmente, cuatro mil nuevos casos de menores con algún mal referente.

A pesar del incremento, el 80 por ciento de los infantes se recupera y es necesario acudir a una terapia integral que permita, a los padres y enfermos, reincorporarse a la sociedad, y enfrentar la discriminación, que posiblemente sufrirán una vez que superen la patología.

Sobre el mismo asunto, la investigadora de la Facultad de Psicología (FP), Andrómeda Valencia Ortiz, señaló que el 40 por ciento de los niños curados tendrá que lidiar con las secuelas que generan las cirugías, la radioterapia, quimioterapia, y los transplantes de médula ósea, como infertilidad, alopecia o metástasis.

Por esa razón, las consultas psicológicas ayudan a los pequeños y a sus familiares, a encarar los procesos que implica la lucha contra estas alteraciones.

Enfermedad de la pobreza

De esos males, el retinoblastoma, o cáncer de la pobreza, como lo refirió Martínez Ávalos, de la Facultad de Medicina, es de origen neonatal o congénito, y está asociado a dos teorías.

El primer supuesto dicta que se relaciona con una cepa del virus de papiloma humano, principal causa de muerte en mujeres mexicanas. Por otra parte, se piensa que la deficiencia de zinc, en la gestación, aumenta la posibilidad de que el bebé adquiera la alteración, pues el elemento se encuentra principalmente en la carne, “alimento ausente en la dieta de las madres, por su alto costo” agregó.

Es posible que la afección inicie en el útero y por eso es importante, una vez manifestado el embarazo, realizar un ultrasonido, que no sólo revela el sexo del nonato, sino posibles trastornos, prevenibles con la detección y diagnóstico oportuno.

En el ámbito médico, se argumenta que el aumento en el número de menores con carcinomas se debe al crecimiento de la población, al ser inversamente proporcional por el número de habitantes; “sin embargo es tan alta la incidencia, que no se justifica la hipótesis” afirmó el coordinador nacional de Oncología Pediátrica de la UNAM.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al 2008 había más de 106 millones de mexicanos, la edad mediana según el II Conteo de Población y Vivienda 2005, era de 24 años y 31.5 de la población tenía menos de 15 años.

En la actualidad, en el país se invierten 30 dólares por habitante en salud, en El Salvador y Nicaragua apenas dos, mientras que en Estados Unidos la cifra sube a 191, y en Japón alcanza los 400.

El cáncer, más frecuente en nuestro medio ambiente

Los factores que incrementan la posibilidad de padecer algún tumor es la base genética, pues todos los seres vivos tienen información para adquirirlo.

Cuando el sistema inmunológico, encargado de destruir células malignas, pierde el control, se incrementan los elementos cancerígenos a grado tal, que el cuerpo ya no puede regularlos y se generan los carcinomas.

Otros factores que contribuyen son las emisiones de Rayos X y las ionizantes, como radioterapias, pues pueden provocar un trastorno mutagénico. “En hospitales pediátricos del país, no protegen los genitales de los niños cuando les aplican radiaciones, algo que no sucede en naciones desarrolladas” afirmó Martínez Ávalos.

También los campos electromagnéticos provocan tumores, por lo que la distancia entre una subestación de energía y un ser humano debe ser de seis metros. Las baterías de los coches, las pilas, solventes y pinturas también contribuyen.

Los carcinomas pediátricos varían de acuerdo al tipo de células implicadas y el grado de crecimiento; los más frecuentes son la leucemia, el del sistema nervioso central (SNC), los linfomas no Hodgkin, enfermedad de Hodgkin, retinoblastoma, tumor de Wilms y el de células germinales.

Un mal sin síntomas aparentes

La prevención resulta fundamental para una detección temprana que permita un diagnóstico oportuno; en el 85 por ciento de los casos, las manifestaciones que presentan los pequeños no tienen razón aparente, “los padres ni siquiera sospechan, o no saben que el niño puede tener cáncer; y menos que se cura”, señaló Martínez Ávalos.

La sintomatología común es fiebre prolongada, masa abdominal anormal o inflamada, palidez, pérdida de energía y de peso en forma rápida, dolores de cabeza persistentes, acompañados de vómito. También se forman hematomas con facilidad, se presenta sangrado, pérdida del equilibrio, cambio repentino en el comportamiento, hinchazón de la cabeza, brillo blanco en los ojos, y pérdida o disminución de la vista.

Un juego que reincorpora a la vida

Lo ideal es contar con un equipo multidisciplinario donde participen enfermeras, grupos de radiólogos, patólogos, rehabilitadores, trabajadoras sociales, psicólogos y, principalmente, el apoyo de los padres.

Al respecto, la investigadora de la Facultad de Psicología (FP), Andrómeda Valencia, desarrolló el programa El juego del optimismo, que brinda ayuda psicosocial para confrontar las situaciones que provoca la enfermedad en la familia.

“No sólo se trabaja con los niños para que entiendan y manejen el padecimiento, también con los progenitores, pues están desprotegidos emocionalmente, suelen descuidar a su pareja, sufren crisis emocionales y económicas; al igual que los hermanos del infante, que suelen sentirse desplazados”, explicó.

La vida en medio de la desesperanza

“Mi hijo se puso amarillo, le empezó a crecer el estómago y a las dos semanas tuvo una infección en la garganta; lo llevé al pediatra y le recetó penicilina, con eso se puso peor, pues le faltó la respiración.

“Luego lo llevé al hospital y me dijeron que iba grave, con taquicardia, el hígado inflamado, manchas rojas en la piel, bajo en hemoglobina y plaquetas, y con un oído reventado”, relató Alma Rosa Razo Fuentes, madre de Efraín.

A los dos años de edad, al pequeño le diagnosticaron leucemia aguda linfoblástica, cáncer en la sangre y la médula ósea, el más común en los niños.

Después de un año y cuatro meses de tratamiento, Efraín ha mostrado mejorías, ha recuperado su peso, puede caminar, retomó su pigmentación normal, se le desinflamó el hígado, y la médula ósea se está limpiando. Ahora Alma sabe que el carcinoma sí tiene cura, aunque es difícil aceptarlo, y enfrentarlo.

Créditos: DGCS Universidad Nacional Autónoma de México (www.unam.mx)

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