La exclusión y la urbanización los obligan a desplazarse, señaló el académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Cesar Nava Escudero
Con la migración, se insertan a una cultura ajena a la suya, en la que tienen que cambiar su lengua, modo de vida, ritos, energía, y visión del universo
Sus derechos ambientales son “virtuales”, pues aunque están establecidos en la Constitución, también se estipulan limitaciones que les impiden el acceso preferente a los recursos naturales
Los grupos indígenas en México cada vez más están en peligro de desaparecer. La urbanización y la exclusión los obliga a desplazarse y pierden costumbres, lugares de origen y espacios sagrados donde realizan rituales, planteó el académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM, César Nava Escudero.
Con la migración se ven forzados a convivir en comunidades ajenas, donde en ocasiones tienen que hablar una lengua diferente, cambiar por valores occidentales su modo de vida, modificar o sustituir sus ritos, su energía y su visión del universo.
La consecuencia de no respetar a estos pueblos y no hacer efectivo su derecho constitucional de acceso preferente a los recursos naturales, implica su paulatina desaparición, incluida su cultura. En esta materia, las prerrogativas de los indígenas son “virtuales”. Aunque están contempladas en la Carta Magna, también se establecen limitaciones que impiden su debido ejercicio, abundó.
Apartarlos de su hábitat es una forma de acelerar su extinción. Desafortunadamente, siempre se les ha considerado como grupos incómodos, es decir, un “estorbo” para las políticas públicas que buscan beneficiar los intereses económicos de empresas nacionales y extranjeras, subrayó.
Actualmente, al Estado no le interesa vincular el tema climático con el indígena. De hecho, ni siquiera está en la agenda nacional y, ejemplo de ello, son los espectáculos de luz y sonido en los centros prehispánicos, un atentado contra el patrimonio intangible energético, consideró.
Además, es preocupante lo que el crecimiento urbano hace a estos grupos: no sólo se trata de la construcción de edificaciones pensadas para quienes gustan vivir en ciudades, sino de su desplazamiento y la consecuente inserción en un desarrollo que provoca la desaparición de su identidad cultural, subrayó.
Ante la situación, agrupaciones como las de algunos danzantes mexicas hacen una resistencia cultural pacífica, enfocada a sobrevivir y rescatar las raíces de nuestros antepasados.
Créditos de la nota: Dirección General de Comunicación Social de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Aunque en el país el 97 por ciento de las empresas son pequeñas o medianas, no hay políticas para asegurar su supervivencia, refirió Bernardo Olmedo Carranza
Países como Estados Unidos y Canadá las consideran la “columna vertebral” de su economía, apuntó el especialista del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
Pese a que en México el 97 por ciento de las sociedades mexicanas de negocios son empresas pequeñas o medianas (Pymes), no se han creado políticas públicas adecuadas para apoyarlas, señaló el especialista del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, Bernardo Olmedo Carranza.
De hecho, los procesos para abrirlas o mantenerlas son tan engorrosos y caros, que muchas terminan por cerrar. De golpe, entraron al país capitales extranjeros, pero nadie preparó a las Pymes para competir con el extranjero ni en su entorno inmediato, refirió.
Su promedio de vida es de dos años y mientras unas mueren otras aparecen. Además, advirtió que si persiste la perspectiva financiera actual, la tendencia será de una crisis permanente.
Olmedo Carranza detalló que “en países ricos”, las pequeñas compañías son la “columna vertebral” de la economía interna, y explicó que Estados Unidos y Canadá basan su mercado en las Pymes. De hecho, para la Unión Americana son un asunto de seguridad nacional, mientras que en México están descuidadas.
Aquí, continuó, resulta difícil conservar un negocio porque los recursos asignados al sector “casi nunca” son para los pequeños empresarios, sino para las grandes firmas. Además, las tasas de interés por préstamos a las Pymes son de hasta 160 por ciento; por ello, con frecuencia los microempresarios buscan financiamiento entre sus proveedores, familiares y amigos.
El especialista en economía industrial, indicó que las compañías nacionales no generan ingresos suficientes para destinarlos a la competitividad; es necesario fomentar e impulsar apoyos, financiamientos y capacitación de dueños y personal.
Olmedo recordó que el país está a la zaga en investigación y desarrollo de ciencia y tecnología. A nivel local, desde los años 80, sólo se ha invertido 0.34 por ciento del Producto Interno Bruto en este rubro, pese a las recomendaciones internacionales que señalan que, para sistemas como el mexicano, el gasto mínimo recomendable es del uno por ciento del PIB.
Esta situación se gestó hace tres décadas, pues aunque se reacomodaron las políticas económicas de la época, se descuidaron las Pymes. A partir del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y la firma y entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía nacional se abrió como pocas en el mundo.
Créditos de la nota: Dirección General de Comunicación Social de la Universidad Nacional Autónoma de México.
·La extensión territorial, los temas presupuestales y la enorme producción son los principales problemas para clasificarlos, dijo la académica del IIE, Leticia López Orozco
·A 90 años de su surgimiento, esa corriente sigue vigente, basta con que brote un movimiento social para que aparezca en paredes de centros comunitarios, de edificios públicos y de escuelas, añadió
·A la fecha, se tienen registradas entre 400 y 500 obras, con nombre del autor, fecha de realización e imagen
Se estima que un número importante de los murales que se realizaron en México entre 1920 y 1940 fueron destruidos, aunque no se tiene un registro exacto. Ante ello, académicos del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM catalogan este legado histórico y cultural.
No obstante, la extensión territorial del país, los temas presupuestales y la cantidad de murales existentes, hacen de ésta una labor difícil, señaló Leticia López Orozco, integrante del equipo de trabajo que clasifica las obras.
Este trabajo es resultado del plan El muralismo, producto de la Revolución Mexicana en América, encabezado por la investigadora emérita de esta casa de estudios, Ida Rodríguez Prampolini, y financiado por el Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la Universidad y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Hasta el momento, mencionó la académica, el IIE tiene catalogados entre 400 y 500 murales de todas las etapas, con el nombre del creador, la fecha de realización y una imagen, pero sin un estudio detallado; la clasificación implica analizarlos y documentarlos.
El área de catalogación del muralismo mexicano cuenta con un acervo de más de siete mil imágenes de trabajo, con una base de datos de las fichas del proyecto y con una extensa bibliohemerografía de todas las épocas del movimiento.
El registro se ha dividido por etapas. En la primera, que va de 1920 a 1940, se han examinado alrededor de 190 pinturas de unos 80 artistas. “Un periodo casi concluido, aunque falta visitar Chihuahua, Tamaulipas, Chiapas, Quintana Roo y Baja California, entre otros estados”, refirió López Orozco.
Son creaciones revisadas por Ida Rodríguez, y cuyas dimensiones pueden ir desde los tres metros de largo por cinco de ancho, hasta unas monumentales o en conjunto de 15 metros o más, añadió.
La segunda (1940-1960), dijo, cuenta con 80 fichas de igual número de obras, localizadas en diversas entidades del país. No obstante, las décadas posteriores fueron más prolíficas.
La catalogación implica realizar una búsqueda del autor y su creación, quién la encargó y por qué, y el contexto antropológico, social, económico, político y cultural. Además, incluye el análisis de historiadores del arte, la revisión de fuentes directas como revistas, diarios y documentales, y el trabajo de la ficha para hacer propuestas, abundó.
El equipo de investigación es multidisciplinario y se ha conformado con historiadores del arte, historiadores, artistas visuales, restauradores, arquitectos y diseñadores, que desde su campo de estudio han enriquecido el proyecto.
Contrario a lo que opinan diversos críticos, la especialista de la UNAM desmintió que se hayan agotado los estudios referentes; hasta el momento hay pocos libros sobre el movimiento y la mayoría son tratados monográficos o parciales sobre algún pintor o alguna de sus obras.
La integrante del IIE aseguró que a 90 años de su surgimiento, el muralismo mexicano sigue vigente y basta con que brote una conmoción social, para que esta expresión artística aparezca en las paredes de centros y sitios comunitarios, en escuelas y edificios de gobierno o civiles, entre otros.
Sin caer en reduccionismos –cada pintor y proceso creativo y técnico de su obra es distinto y debe estudiarse en su propia dimensión individual, social y estética–, no se puede negar que existe cierta retórica, repetición temática y poca innovación técnica, pero en la realidad, la valía de esta manifestación plástica permanece vigente, ofrece nuevas lecturas y trata de ser un vehículo de comunicación con el espectador, opinó.
Una investigación realizada para el boletín informativo CRÓNICAS, dedicado a las influencias del muralismo mexicano en otras latitudes, arrojó que están presentes en naciones como Irán, Japón, Italia, Alemania, España, Estados Unidos, Irlanda, Argentina y Puerto Rico.
Esta corriente se está reinventando e incluso existen asociaciones en América Latina que han convocado a artistas para pintar en ciudades de la región y dejar huella en sus países.
Esta expresión colocó a México en un lugar fundamental en la historia del arte mundial e insertó a la nación en la escena internacional y en los años 30 del siglo XX, llegó a ser vanguardia, apuntó.
Casi 90 años después…
El movimiento muralista mexicano surge tras la Revolución Mexicana. José Vasconcelos, ex rector de la Universidad Nacional fundó, con la anuencia del presidente Álvaro Obregón, la Secretaría de Educación Pública. En 1921, ahí se da a la tarea de hacer un proyecto cultural que aglutinara y revalorara los principios de la identidad nacional, basados en la recuperación o reivindicación del pasado histórico y la herencia colonial.
A ello, se sumó el regreso de los artistas David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, quienes habían discutido en Europa qué era el arte, qué esperaba la nación de él, qué querían de esa expresión y los nuevos fundamentos del arte mexicano. Coincidieron con Vasconcelos y pusieron en marcha los primeros ejemplos del muralismo mexicano.
Así surgió el movimiento y, por cuestiones historiográficas, siempre se le ha dado mayor importancia a Rivera, Orozco y Siqueiros, pero se trató de una expresión en la que intervinieron artistas de calidad, y otros no tanto, refirió López Orozco, quien desde el inicio del proyecto de catalogación ha colaborado con la coordinación del seminario quincenal, que se formó en 1997 para el desarrollo de la investigación en el Instituto de Investigaciones Estéticas.
Junto a los llamados “tres grandes” trabajaron, como ayudantes, Xavier Guerrero, Fermín Revueltas, Ramón Alva de la Canal, Fernando Leal, Máximo Pacheco, Pablo O’Higgins y Jean Charlot, entre otros, que hicieron una carrera de alta calidad y lograron un lugar en la historia del arte nacional.
Créditos de la nota: Dirección General de Comunicación Social de la Universidad Nacional Autónoma de México.
· El encuentro, inaugurado hoy, hace patente la presencia e influencia de “la tercera raíz” en el país
· El objetivo es revalorar las costumbres y forma de vida de los poblados negros, señaló el director del Programa Universitario México Nación Multicultural, José del Val Blanco
La UNAM, a través del Programa Universitario México Nación Multicultural (PUMC), organiza el Primer Festival Oaxaca Negra con la finalidad de poner al público en contacto con la presencia e influencia de “la tercera raíz” en el sureste, particularmente en la Costa Chica.
El encuentro surgió como respuesta a las exigencias de la gente de la región, que solicitó el reconocimiento de su cultura y lazos con África como parte del país, indicó el director de esa instancia universitaria, José del Val Blanco.
“Cuando hay una demanda social dispersa, el PUMC, como programa universitario, debe analizarla, trabajarla y cristalizarla en proyectos concretos”, enfatizó.
El resultado de esta reflexión fue el Festival Oaxaca Negra. Se espera que después de esta primera experiencia, los lugareños le den continuidad.
Como parte del encuentro, inaugurado hoy en el Museo del Palacio de Oaxaca, se montó una exposición sobre la esclavitud y se ofrecerán durante 19 días, conferencias magistrales, mesas redondas, proyección de películas y espectáculos de danza y música, donde el público conocerá de cerca lo que es la vida en estos poblados.
Oaxaca Negra fue posible con la participación de académicos y alumnos de la UNAM y otras instituciones (como la UAM y la ENAH) especializados en estos temas, subrayó el etnólogo.
“Al asumir la organización del festival quisimos proponer un modelo de actividad cultural. Esperamos que en el futuro sientan la participación de otras instancias y los oaxaqueños se apropien de esta actividad, le den continuidad como algo propio”, agregó.
El etnólogo subrayó que después de esta primera edición, espera que el festival tenga cada vez mayor reconocimiento y sirva para reivindicar la existencia y las demandas de la población afromexicana.
“De hecho, en la composición genotípica y fenotípica de México, la presencia negra es importante, aunque ha sido negada”, indicó Del Val Blanco, quien añadió que en la actualidad hay una enorme concentración de estos pueblos en la franja que va de Puerto Escondido a Salina Cruz, Oaxaca, y en diversas regiones de Veracruz.
Finalmente, comentó que la exposición La Tercera Raíz fue realizada por personal del PUMC, bajo la supervisión de la universitaria Luz María Martínez Montiel.
Además de ser el organizador de este festival, el PUMC cuenta un área de investigación denominada Afroamérica. La Tercera Raíz y ha publicado dos libros sobre este tema.
Créditos de la nota: Dirección General de Comunicación Social de la Universidad Nacional Autónoma de México.