martes, 25 de diciembre de 2007

SE DIVERSIFICAN LOS FLUJOS MIGRATORIOS EN MÉXICO



· Señalan los académicos del IG de la UNAM Jorge González y María Teresa Gutiérrez, así como Agustín Tapia y María de Lourdes Acosta, de El Colegio del Estado de Hidalgo

· Este fenómeno ha contribuido a la desconcentración demográfica y al crecimiento de distintas regiones del territorio nacional, en el norte como centro y sureste

· Las personas prefieren dirigirse a áreas urbanas en general, particularmente a las de mayor tamaño, consigna el Nuevo Atlas Nacional de México

El patrón migratorio ha pasado de una alta concentración de los principales flujos migratorios hacia la Ciudad de México, a una notable diversificación no sólo en cuanto a las principales áreas de atracción sino también de las zonas de expulsión, según se desprende del Nuevo Atlas Nacional de México, editado por el Instituto de Geografía (IG) de la UNAM.

De acuerdo con un artículo de los investigadores de esa entidad Jorge González y María Teresa Gutiérrez; así como de Agustín Tapia y María de Lourdes Acosta, de El Colegio del Estado de Hidalgo, se sostiene que en el país este fenómeno ha contribuido a la desconcentración demográfica y al crecimiento de distintas regiones del territorio, en el norte como en el centro y sureste.

A principios del siglo pasado los migrantes internos eran 887 mil que equivalían al 6.5 por ciento del total; para el año 2000, la población que habitaba en un estado diferente a la de su nacimiento rebasó los 17.7 millones, lo cual representó 18.2 por ciento del conjunto. “Esto significa que dos de cada diez personas en México modificaron su lugar de residencia a otra entidad”.

Estos desplazamientos empezaron a ser notorios en el siglo XX, a partir de la industrialización y la rápida urbanización, las cuales se vieron favorecidas por el rápido desarrollo del transporte.

Entre 1940 y 1950 se registró un flujo superior a 1.2 millones de seres humanos, y a partir de esta fecha este éxodo ha mantenido un crecimiento notable. De 1950 a 1970 la cifra aumentó a 3.6 millones; entre 1970 y 1990 fue de 6.9, y de 1990 a 2000 de 3.2 millones.

El patrón respecto a los cambios en la migración interna se ha modificado, pues ha generado un arreglo espacial distinto, más complejo, donde a las tradicionales zonas de expulsión se agregan otras que recientemente se han incorporado a esta dinámica.

Una constante es que las personas prefieren dirigirse a áreas urbanas en general, particularmente a las poblaciones de mayor tamaño. Así, entre 1965 y 1970, el 89.6 por ciento del volumen total se estableció en ciudades de más de 10 mil habitantes, y entre 1995 y 2000 se concentró en ese tipo de urbes 81.7 por ciento del total.

En cuanto a la migración internacional, desde mediados del siglo XIX se registra la presencia de extranjeros en México. Los datos censales desde 1895 han mostrado que si bien la proporción de población nacida fuera del territorio respecto al total nacional es baja, el crecimiento ha sido por momentos superior a la tasa de la población total. En el decenio 1990-2000 alcanzaron un índice de 3.71 por mil.

De acuerdo con el censo de 2000, para ese año había más de 400 mil inmigrantes extranjeros en el territorio nacional, que residían principalmente en Baja California, Distrito Federal, Jalisco, Chihuahua y Tamaulipas, entidades que en su conjunto concentraron 50 por ciento de este volumen.

Finalmente, respecto a la región de procedencia, América del Norte aporta la mayor cantidad; en particular, Estados Unidos contribuye con 69 por ciento; no obstante, Chiapas, Campeche y Quintana Roo registraron una fuerte presencia de población nacida en países centroamericanos, específicamente guatemaltecos y hondureños.

Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México (Boletín UNAM-DGCS-767)

REVISAN EN LA UNAM LA DOSIS DE RADIACIÓN QUE RECIBEN PACIENTES CON CÁNCER DE MAMA


· Con la finalidad de que sean cada vez más precisas y que las enfermas reciban un tratamiento más adecuado, dijo Ana Elena Buenfil, del Instituto de Física

· En México, cada año fallecen alrededor de tres mil mujeres por este padecimiento, o sea, una cada tres horas; se trata del segundo tumor canceroso más frecuente en ellas, afirmó

· Con una terapia adecuada, el porcentaje de sobrevivencia puede ser hasta de 80 por ciento, si el tumor maligno se detecta en una etapa temprana, reveló

Integrantes del Instituto de Física de la UNAM (IF), así como estudiantes asociados, estudian in vivo la cantidad de radiación que reciben las pacientes con cáncer de mama, sometidas a un tratamiento de terapia externa con radiación, con la finalidad de que las dosis administradas sean cada vez más precisas y los enfermos tengan un tratamiento más adecuado.

“Se debe garantizar que la dosis de radiación recibida por el paciente sea la que el médico prescriba, porque si es menor el tumor no se erradica, pero si es mayor podría causarle daño a los órganos sanos cercanos al tumor”, aseguró Ana Elena Buenfil, integrante de esa entidad y profesora de la maestría en Física Médica.

Expuso que, cuando la terapia está bien planeada, los equipos debidamente calibrados y se sigue el protocolo establecido, se logra que los órganos y tejidos sanos, adyacentes a un tumor no reciban, durante el tratamiento, más radiación que la biológicamente resistida.

El cáncer de mama va en aumento en América Latina. Cada año son reportados 90 mil casos a consecuencia de un bajo acceso a servicios preventivos y curativos. Tan sólo en México, cada doce meses fallecen alrededor de tres mil mujeres por este mal, es decir, apuntó, una cada tres horas; es el segundo tumor canceroso más frecuente en ellas.

El Registro Histopatológico de Neoplasias Malignas reporta que el cáncer de mama afecta sobre todo a mujeres entre los 40 y 60 años, con una edad promedio de fallecimiento de 58 años, agregó.

Una vez que el facultativo realiza el diagnóstico y decide el tratamiento del enfermo, el físico médico apoya preparando los equipos para dar radiación, así como haciendo los cálculos para aplicarla de la manera más conveniente. "Siempre se busca que llegue en su máxima intensidad al tumor, y en la mínima a los tejidos sanos", aclaró.

Una manera de asegurar el registro de la dosis que reciben los órganos sanos y enfermos es mediante la dosimetría in vivo, o sea, la colocación de un medidor a la paciente durante el tratamiento. En este caso son dosímetros termoluminiscentes, pequeños cristales de fluoruro de litio, en forma de prisma rectangular, de tres milímetros por lado y un milímetro de grosor, que se pegan en la piel del paciente, sin causarle molestia, sostuvo.

Estos dispositivos emiten cierta cantidad de luz cuando son calentados, después de ser expuestos a la radiación. Dicha emisión indica la cantidad recibida de energía, proveniente de la radiación. "La luz se convierte en una señal eléctrica, y la correlación entre ésta y la dosis de radiación, permite hacer mediciones de dosis".

Se mide sobre la piel para no dañar al paciente; para obtener datos de otras zonas más profundas, con el fin de determinar lo que ahí ocurre, se hacen cálculos, precisó Ana Elena Buenfil.

Un tratamiento para cáncer de mama puede fraccionarse, por ejemplo, en 20 sesiones, en cada una de las cuales un enfermo recibe entre 1.8 y 2 unidades de dosis de radiación o Gray. Hacerlo así se basa en la idea de que el tumor tarda en recuperarse y el tejido sano lo hace más fácilmente. Se dejan descansar a las partes saludables para reponerse y que puedan resistir la siguiente fase, mientras que el tumor no puede restablecerse y se destruye, especificó.

Eso no significa que los órganos sanos no reciban cierta dosis, pero se procura que sea la menor posible. En ese trabajo, los físicos médicos apoyan a los galenos, sostuvo.

El porcentaje de sobrevivencia con una terapia de radiaciones, que puede también incluir quimioterapia y cirugía, llegaría hasta el 80 por ciento si el tumor maligno se detecta en etapa temprana. Sin embargo, manifestó, "mucha gente, sobre todo la que vive en el campo, llega con un estado avanzado del mal y así se imposibilita el restablecimiento".

Los integrantes del IF han unido sus esfuerzos a los de especialistas del Instituto Nacional de Cancerología (INC). "Cada proyecto se somete a un Comité Científico y de Ética; de ser aprobado, se habla con los pacientes, se les explica de qué trata y cuál sería su participación en éste, qué molestias les puede causar, y se les pregunta si ellos están de acuerdo en contribuir con el estudio”.

En este caso, la dosimetría termoluminiscente genera provecho para el enfermo actual, pero sobre todo, para los que vendrán. La investigación respectiva llevará un año. Se harán cálculos estadísticos para que sea concluyente, puntualizó.

Se ha establecido ese lapso debido a que las fracciones de los tratamientos son diarias, excepto sábados y domingos; de tal manera que, en cuatro o cinco semanas los pacientes ya recibieron sus 20 o 25 fracciones. "Se espera terminar las medidas en seis u ocho meses y luego trabajar con los datos", especificó.

Los resultados se aplicarán en Cancerología, donde todo se rige con normas éticas estrictas. "Toda esa información estará contenida en una tesis de Maestría en Ciencias (Física Médica), y en caso de que se publique, se contará con el consentimiento del INC", finalizó Ana Elena Buenfil.

Fuente: Universidad Nacional Autónoma de México (Boletín UNAM-DGCS-766)

lunes, 24 de diciembre de 2007

CREAN ALUMNOS DEL IPN CAJETA DE ZAPOTE NEGRO PARA EVITAR EL ENVEJECIMIENTO CELULAR